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La experiencia de CdeA en una escuela quilombola*

16/07/2018

La experiencia de CdeA en una escuela quilombola*

Hablan sobre el cotidiano de la escuela Rui Barbosa niños, equipo escolar, familiares y personas de la comunidad quilombola de Segredo, en Souto Soares (Bahia, Brasil)

“Cuando llegamos acá había unas pocas casitas”, cuenta doña Guilhermina con el ceño fruncido y los oídos atentos a cada pregunta. Con sus 102 años trae la moradora más antigua de la comunidad de Segredo las marcas del pasado en el semblante y en la memoria. Pisó aquellas tierras por primeira vez en 1933. Se fijaron en la parte del Riacho. “Solo había el Riacho y unas tres o cuatro casas allá abajo”, se recuerda. No se podría imaginar en aquel tiempo ver enseñarse su historia verdadera en una escuela quilombola, y además valorizada por los niños y niñas de la comunidad.

Tienen los derechos de los quilombolas una trayectoria reciente y todavía frágil en Brasil. Es de 2003 el decreto que permite la reglamentación de los territorios quilombolas. Fueron reconocidas alrededor de tres mil comunidades desde entonces hasta hoy, pero solo un 9% de estas conquistaron el título colectivo de la tierra, garantía importante para que la comunidad permanezca viviendo en su territorio.

Después de estar años apartada de su historia, la comunidad de Segredo fue reconocida como remaneciente quilombola en 2007. El proceso para certificación impulsó la formación de la asociación local y su efectuación abrió camino a que la población accediera a derechos básicos negados a lo largo de tantos años.

“Lo que más ganamos fue la promoción de nuestra autoestima”, afirma Rita da Silva Xavier, natural de Segredo, pedagoga y posgraduada en Historia de África. Impartió clases Rita por 27 años en la Escuela Municipal Rui Barbosa y se enorgullece de las transformaciones que ayudó a promover al descubrir en la Educación el poder de resignificar el imaginario.

Fue el reconocimiento el primer paso para que las poblaciones negras pudieran finalmente romper la visión hegemónica de la historia de Brasil, después de 300 años de esclavitud y 115 de invisibilidad. “Empezaron un estudio más sistematizado profesores, directivos y estudiosos de la comunidad para superar la narrativa única del negro que vino de África para ser esclavo, y buscar el otro lado de la historia del negro y sus contribuciones”, dice la pedagoga.

 

Escuela y comunidad

Escuela y comunidad no tienen límites tan demarcados en la experiencia de la Rui Barbosa. Espacialmente escuela y territorio están integrados: para acceder al comedor, por ejemplo, los niños cruzan la calle de la comunidad hacia el otro lado. Las asociaciones con moradores y familiares permean con más fluidez el ambiente escolar con el territorio integrado.

Llegó la propuesta de Comunidades de Aprendizaje (CdeA) a la escuela Rui Barbosa hace poco más de dos años, fruto de una asociación con el Instituto Natura y el Instituto Chapada de Educação e Pesquisa (ICEP). Para el equipo gestor es hoy su punto fuerte la participación de voluntarios.

“Siempre estuvo presente la comunidad en la escuela, pero ahora estamos descubriendo formas de transformar la presencia en participación”, afirma el director Cleber Araújo, que es líder comunitario local y tiene una larga trayectoria dentro de la institución: se graduó allí, como gran parte de los moradores de Segredo, y antes de asumir la dirección fue funcionario, profesor y coordinador pedagógico.

“Como madre siempre he participado de todo lo que podía. Pero después de Comunidades de Aprendizaje veo la diferencia. Integro hoy  la Comisión Mixta Gestora, participo en las tomas de decisión y creo que es muy importante que eso se haga en asociación”. El relato de Robervânia Araújo dos Santos, madre de la pequeña Nicoly (7 años), se junta a otras voces de voluntarios y familiares que se sienten parte de la escuela.

Uno de ellos es Moacir Martins do Carmo. Fue él también alumno de la escuela y ahora vuelve a actuar como voluntario a través del proyecto. “Estudié en la Rui Barbosa en la década de los 80, mis cuatro hijos se graduaron aquí, dos de ellos ya están casados, y sigo participando porque queremos que la escuela crezca”, dice. Es Moacir voluntario de los Grupos Interactivos, colaboró con la confección de piezas para la juguetería, ya ha acompañado acciones de los proyectos de lectura y advierte: “¡quiero participar cada vez más!”

Otro ejemplo conocido es el de Robson Rodrigues de Araújo, profesor voluntario de circo. Nacido en Segredo, tuvo Robson su primer contacto con el circo cuando vendía agua de coco en una escuela de circo del valle de Capão en Chapada Diamantina, Bahia. Allí se enamoró de los artes circenses y se involucró completamente.

Regresó Robson a la comunidad para desarrollar proyectos de arte con niños y adolescentes después de 12 años de trabajo en el área, y tuvo la escuela Rui Barbosa la suerte de recibirlo como tallerista en la época del programa Mais Educação. Descontinuó la iniciativa el gobierno federal en 2016, pero Robson siguió como voluntario junto a Comunidades de Aprendizaje.

“Como somos una comunidad quilombola está la cuestión cultural en la sangre de la gente. Tienen los niños gusto por estar en escena, por jugar a la capoeira, por hacer teatro, por tocar percusión”, afirma el profesor. Integra, además de las clases de circo, las Comisiones Mixtas de Cultura y Gestora, y considera fundamental que la escuela mantenga su proyecto pedagógico integrado a los lenguajes artísticos y culturales. "Si no participa el niño en las actividades culturales se queda atrás en las cuestiones sociales”, cree.

Hoy en día adentra el aula la comunidad, contribuye en el proceso de aprendizaje de los alumnos, participa de forma efectiva de las tomas de decisión y actúa en conjunto con el equipo gestor en la resolución de conflictos, a través de la Comisión Mixta de Convivencia que tiene su actuación orientada por el Modelo Dialógico de Prevención y Resolución de Conflictos.

Se creó la Comisión al final de 2017 movida por Sueños de familiares y estudiantes que denunciaban situaciones de bullying y prejuicio. Es considerada actualmente la comisión más actuante del proyecto. Según Cleber, compartir esas cuestiones con alumnos y comunidad local a través del Diálogo Igualitario está facilitando el trabajo de la gestión misma.

“Todo estaba en manos de la dirección antes de la Transformación y muchas veces las decisiones unilaterales eran complicadas porque no todo el grupo las comprendía. Notamos que es mucho más viable tomar las decisiones en lo colectivo, y la gente está más satisfecha porque tiene voz y turno en el diálogo”, afirma el director.

“Sabíamos que era importante traer a la comunidad, pero ¿cómo proponer ese encuentro de forma organizada con un objetivo mayor? Nos están enseñando a hacer eso las Actuaciones Educativas de Éxito”, dice la coordinadora pedagógica de la Educación Infantil y Primaria, Adriana Rocha, para quien las AEEs ayudaron a movilizar incluso a quienes vienen de más lejos, efectivando la participación de las comunidades vecinas. “Hoy la distancia no es impedimento”, puntúa.

“Escuela y comunidad necesitan estar y caminar juntas. Se complementan las dos, aprenden y se forman la una con la otra. Es esa concepción que siempre tuvimos y necesitamos tener, y el proyecto vino a enseñar cómo hacerlo y volverlo posible”, sintetiza Edilucia Araújo, coordinadora pedagógica de la Secundaria.

Para Claudia Rocha, coordinadora pedagógica territorial de ICEP y formadora certificada en CdeA, la experiencia de la escuela Rui Barbosa ayuda a romper el mito de que los padres no quieren participar en el proyecto educativo. Fue ella una de las formadoras responsables por conducir la etapa de Sensibilización en la escuela y cuenta que en la primera reunión que hicieron con los padres la mayoría de los participantes se dispuso a actuar como voluntario de las AEEs. “Cuando la comunidad está segura de su papel se moviliza la gente a participar”, concluye.

  

Aprender del otro

Investigar las historias contadas por los mayores es parte del currículo de la escuela quilombola Rui Barbosa. Se estimula a los niños todos los años a escuchar historias contadas por los abuelos o moradores más antiguos de la comunidad, registrarlas y recontarlas de su propia manera.

Luego circulan por plazas y visitan casas de Segredo y de otras localidades para enseñar lo que aprendieron. Durante los encuentros promovidos en el territorio interpretan los estudiantes también obras de la literatura clásica o contemporánea, ayudando a llevar la experiencia de la lectura a lugares donde el libro no ha llegado.

Además de expandir las actividades educativas hacia fuera de la escuela busca la institución traer hacia dentro los saberes de la comunidad. “Celebramos el día de los abuelos con un “té literario” en el que los invitamos a contar historias en la escuela”, dice la coordinadora Adriana.

Es en ese contexto que sucede la práctica de las Actuaciones Educativas que aportan las Comunidades de Aprendizaje. Para manejar la falta de libros organizan el “Cesto Literario”, estimulando la rotación de títulos entre los alumnos. Para suplir la ausencia de una biblioteca municipal improvisan la Biblioteca de Aula: “creamos una biblioteca en el aula y trabajamos con la clase todo el proceso: qué es una biblioteca, cómo funciona, catalogamos los libros, organizamos los préstamos”, relata Flávia Araújo de Souza Vieira, profesora de las clases del 4o y 5o grado.

Afirma Flávia que está generando buenos resultados la articulación de las diferentes acciones direccionadas hacia la lectura. “Con las Tertulias Literarias, el “Cesto Literario” y la Biblioteca de Aula, aprenden los alumnos a compartir, a escuchar al otro, a respetar las diferencias y, sobre todo, a leer más, y leer con gusto. El año pasado, en el 5o grado, registramos más de 1300 préstamos de libros”, celebra.

Julio Cezar Rosa de Jesus (10 años), alumno del 5o grado, descubrió recientemente el gusto por la lectura después de participar de las Tertulias. A Hellem Kauane Souza Araújo (12 años), estudiante del 7o grado, siempre le ha gustado leer, pero dice que se siente más motivada al compartir la lectura con sus amigos y tener su saber reconocido por ellos. “Cuando se manifiesta alguien para comentar nuestra habla tenemos la sensación de que le gustó nuestra elección, que quiere añadir algo, y eso está muy bien”, afirma.

Para Hellem las lecturas compartidas están haciendo que la clase esté más cercana entre sí y ayudando a los alumnos a vencer la vergüenza y a soltarse cada vez más. “Se respeta cada habla en la Tertulia y nadie critica diciendo si está bien o mal”, explica al decir porque los alumnos se sienten más cómodos para exponer sus ideas.

Promover el Diálogo Igualitario, multiplicar las interacciones y diversificar las oportunidades de aprendizaje valorando la Inteligencia Cultural son objetivos fundamentales de la propuesta de Comunidades de Aprendizaje. En la escuela Rui Barbosa la posibilidad de aprender más los unos de los otros es el principal cambio que sienten los alumnos y alumnas después de la implementación de las prácticas de CdeA.

“Creo que aprendemos más cuando escuchamos la opinión del otro”, reflexiona Julio Cezar. Maria Ester Araújo Vieira (10 años), su compañera de clase, también cree que funciona mejor aprender en grupo: “es agradable estudiar en los Grupos Interactivos porque podemos pensar junto con el grupo. Una no tiene que romperse la cabeza sola con los deberes”, afirma.

Para ellos, además de la ayuda entre los compañeros, está contribuyendo también la presencia de voluntarios a que la clase aprenda más: “hay gente que cree que solo los profesores pueden enseñar, pero otras personas pueden saber de cosas que no aprendemos en la escuela. No aprendemos solo con el profesor”, cree Maria Ester.

En la evaluación de los profesores están contribuyendo las AEEs a promover una relación más respetuosa entre todos. Desde el principio del proyecto es Flávia entusiasta de la participación de los familiares dentro del aula. “Soy una profesora que hace todo lo posible para que los padres estén dentro del aula. Cuanto más pueden estar, mejor. Para acompañar, para conocer más, para ayudarnos. Cuando los familiares entran en el aula también ellos aprenden más”, defiende.

Sea en las lecturas compartidas posibilitadas por las Tertulias, sea en la dinámica propuesta por Grupos Interactivos la impresión general de los alumnos es: “ahora aprendemos más”. Y es en ese sentido que Kaylane Borges Pereira (15 años), estudiante del 9o grado, a quien el trabajo en grupo despierta la curiosidad y las ganas de aprender, reivindica: “yo quería que trabajásemos cada vez más con los Grupos Interactivos”.

En una comunidad donde la tierra es colectiva, educadores, niños y familiares descubren que pueden soñar juntos la escuela que desean. Para el equipo gestor el reto de integrar la comunidad, con su gente e instituciones, sus orígenes y sus luchas a las decisiones y al proceso de enseñanza y aprendizaje está siendo una experiencia fortalecedora. Ahora para proseguir con las acciones del proyecto se planifican para ampliar la formación en EAD y buscar apoyo para la realización de los Sueños, siempre respetando el ritmo de las transformaciones.

Como afirma un documento colectivo producido por la escuela “la caminada es lenta, el deseo de seguir adelante es fuerte y la seguridad del éxito de todos y de cada uno es real”.

 


 

* Nota de la traductora: el adjetivo quilombola se refiere a las poblaciones descendientes que viven actualmente en las zonas donde se formaron los antiguos quilombos, comunidades de mujeres y hombres negros que resistieron a la esclavitud.

 

Por: Bárbara Batista

Tradución: Ludmila Maia

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